Todavía con la sangre húmeda en los pantalones me presenté ante la Hermana Directora del colegio. Mientras esperaba frente a la puerta de su despacho pensé en mi padre, su frustración, y, su seguro castigo. Ensimismado como estaba, no sentí la presencia hasta que una mano se posó en mi hombro. Alcé la vista y vi a la hermana Katja.
Muy joven, alta, pelo rubio muy corto y ojos celestes, envuelta en su hábito gris, me miraba intrigada, diría que sin reprobación. Me invitó a pasar, y después de cerrar la puerta, se sentó en su escritorio, ubicado en una tarima alta. Con un gesto me indicó el sillón, dispuesto, a un nivel más bajo, frente a ella.
El lugar era muy sencillo. Una cruz de bronce detrás de una mesa alta de cuatro patas, y un sillón, el que yo ocupaba. Sobre el escritorio, hojas membretadas del colegio y una máquina de escribir, a un lado, del otro una Biblia grande, forrada en cuero marrón, con letras góticas, doradas.
Pude notar, bajo la mesa, como recogía el hábito, dejando ver, para mi sorpresa, unas piernas bien formadas y depiladas…
-¿Qué pasó?- su voz profunda distrajo mi atención. La miré y otra vez me sorprendí ante la simpatía y bondad que transmitían sus ojos. Así, con esa extraña sensación, narré todo lo sucedido, desde el principio. Cómo fijé mi atención en una de las chicas menos llamativas, pero que era de las mejor formadas. Conté de mis manos apoyadas en sus caderas, en el columpio, también cuando, cansado de empujarla, me paré frente a ella, que abrió las piernas para que viera su desnuda intimidad. Como avancé hasta quedar apretado entre sus piernas, y nos besamos, hambrientos, hasta que sintió mi respuesta en su vientre…
A esta altura del relato, realizado casi sin respirar, me detuve y bajé la vista. Las piernas de Katja se frotaban entre sí, a la altura de sus muslos, y se abrían, dejando ver su vello pubiano, que adiviné delicado y húmedo.
-¿En ese momento fue que te mordió?- dijo por encima de la mesa.
–Sí- contesté- hasta que me lastimó no se detuvo-. -¡Qué mala chica!- deslizó suavemente. Yo no podía quitar los ojos de su entrepierna. Fue entonces que comenzó un largo discurso sobre la moral y la sexualidad latente en los adolescentes, que ella entendía, pues, era natural.
No pude escuchar más. La cadencia de su voz, sus muslos, separándose, la entrepierna, al fin, concentraron mis sentidos. Me deslicé del sillón y avancé sigiloso en cuatro patas, hacia sus piernas. Sentía el calor que emanaba de su cuerpo, su olor…
Sus piernas se abrían como invitándome. Avancé hasta quedar frente a su vello, que se estremecía a los vaivenes de mi respiración. Uní mis labios a ella, sediento, y no me detuve hasta que la sentí gemir y clamar por su dios. Sus manos me tomaron por la nuca y me empujaron hacia la profunda humedad, mientras sus muslos se frotaban y abrían contra mi cara.
Gritó largamente. Se separó, dio la vuelta a la mesa, me bajó los pantalones y comenzó a besar y lamer aquello que más anhelaba. Llené su boca de mi piel y comenzó a mover su cabeza cada vez más rápido hasta que sintió mi final. Selló sus labios alrededor mientras yo sentía que me moría. Se lo dije. Se lo grité. Alzó la cabeza, pasó la lengua por sus labios, me miró con ojos brillantes…
-Aquí comienza tu vida-.
Muy joven, alta, pelo rubio muy corto y ojos celestes, envuelta en su hábito gris, me miraba intrigada, diría que sin reprobación. Me invitó a pasar, y después de cerrar la puerta, se sentó en su escritorio, ubicado en una tarima alta. Con un gesto me indicó el sillón, dispuesto, a un nivel más bajo, frente a ella.
El lugar era muy sencillo. Una cruz de bronce detrás de una mesa alta de cuatro patas, y un sillón, el que yo ocupaba. Sobre el escritorio, hojas membretadas del colegio y una máquina de escribir, a un lado, del otro una Biblia grande, forrada en cuero marrón, con letras góticas, doradas.
Pude notar, bajo la mesa, como recogía el hábito, dejando ver, para mi sorpresa, unas piernas bien formadas y depiladas…
-¿Qué pasó?- su voz profunda distrajo mi atención. La miré y otra vez me sorprendí ante la simpatía y bondad que transmitían sus ojos. Así, con esa extraña sensación, narré todo lo sucedido, desde el principio. Cómo fijé mi atención en una de las chicas menos llamativas, pero que era de las mejor formadas. Conté de mis manos apoyadas en sus caderas, en el columpio, también cuando, cansado de empujarla, me paré frente a ella, que abrió las piernas para que viera su desnuda intimidad. Como avancé hasta quedar apretado entre sus piernas, y nos besamos, hambrientos, hasta que sintió mi respuesta en su vientre…
A esta altura del relato, realizado casi sin respirar, me detuve y bajé la vista. Las piernas de Katja se frotaban entre sí, a la altura de sus muslos, y se abrían, dejando ver su vello pubiano, que adiviné delicado y húmedo.
-¿En ese momento fue que te mordió?- dijo por encima de la mesa.
–Sí- contesté- hasta que me lastimó no se detuvo-. -¡Qué mala chica!- deslizó suavemente. Yo no podía quitar los ojos de su entrepierna. Fue entonces que comenzó un largo discurso sobre la moral y la sexualidad latente en los adolescentes, que ella entendía, pues, era natural.
No pude escuchar más. La cadencia de su voz, sus muslos, separándose, la entrepierna, al fin, concentraron mis sentidos. Me deslicé del sillón y avancé sigiloso en cuatro patas, hacia sus piernas. Sentía el calor que emanaba de su cuerpo, su olor…
Sus piernas se abrían como invitándome. Avancé hasta quedar frente a su vello, que se estremecía a los vaivenes de mi respiración. Uní mis labios a ella, sediento, y no me detuve hasta que la sentí gemir y clamar por su dios. Sus manos me tomaron por la nuca y me empujaron hacia la profunda humedad, mientras sus muslos se frotaban y abrían contra mi cara.
Gritó largamente. Se separó, dio la vuelta a la mesa, me bajó los pantalones y comenzó a besar y lamer aquello que más anhelaba. Llené su boca de mi piel y comenzó a mover su cabeza cada vez más rápido hasta que sintió mi final. Selló sus labios alrededor mientras yo sentía que me moría. Se lo dije. Se lo grité. Alzó la cabeza, pasó la lengua por sus labios, me miró con ojos brillantes…
-Aquí comienza tu vida-.
16 comentarios:
estimado amigo, si hubiera terminado el cuento como un sueño del individuo....partia la computadora de un golpe!! jaja muy bueno!!! Abrazo jose!!
wow!!! esto se está poniendo CANDENTE!!!
ME GUSTAAAA!!!!
Va tomando distintos tintes.
cada texto es todo un descubrimiento.
Excelente como siempre!
Saludos
Ayyyy! Recién te conozco y ya presumo q me enganché!
Te comento cuando lea los anteriores de esta serie, pq leí parte de éste y me gustó tanto q
no quise terminar..!!!!
(Cuando era chiquita, y un cuento me gustaba mucho siempre lo alargaba, para no llegar al The End..
Sigo haciéndolo hoy en día, cuando me gusta un libro o una película..)
Volveré..
Besitos Dulces!
Malena
Polifacético, esto estuvo exitante,muy bueno José, ¡qué escuelitaa!!! :)
Ya no hay vuelta atrás: Me enganché a sus relatos, señor Legaspi, y me temo q corro el peligro como con mi genial amiga,
Escarcha, de convertirme en una
"yonqui" q sólo se alimente de sus palabras!
Pq ya nada de lo q usted escriba me puede resultar indiferente..
Malena :)
PD: Momentos Dulces, esta semana q comienza acompañados de Shibumis de Luz y Vida, envueltos en Gotitas de Lluvia!
Logre entrar a los comentarios! soy una genia! ja! Excelente esta serie. En este especialmente, me senti identificada porque los curas fueron pedofilos no de ahora, sino desde hace muuuuuuuuuuuuuuuuuuucho tiempo. Creas muy bien los climas. En Argentina nos decia la maestra: " Muy bien, 10, felicitado". Un abrazo y espero ansisa el proximo
¡WOAWW! ¡Llegué hasta aquí por recomendación de Malena y es un placer leerle: Me encantó!!
¡Un abrazo!
¡¡Gracias a mis lectores frecuentes!!¡¡Bienvenidos los nuevos, Malena, Nuria y Carolina!!
Espero no defraudarlos con Psycho IV
Legaspi, estás pal crimen :-)
Me gustó mucho esto. Sobre todo, las palabras sugerentes, pero no directas para describir cada cosa. Excelente, amigo. Besos y abrazos.
¡¡Gracias, Su!!
Entre tu y escarcha el miedo se va a poderando de un rinconcito fijo en mi casa. Aún así, que bueno que es leerte.
Besos :)
Me gusta mucho tu blog, lo acabo de encontrar y ya lo estoy siguiendo, te dejo el mio, espero que te guste
http://vocesdeloslibros.blogspot.com/
Seguro q no nos defrauda con el próximo post: Estoy convencida..
En mi espacio, Gotas de Lluvia
hay una imagen regalo para usted
y su espacio, q espero sea de su agrado..
Todo mi afecto,
Male.
¡Gracias Musaraña y Male!¡Bienvenida Elisa!
Amigo José, hace rato que leí éste capítulo como los anteriores, perdón por la tardanza en aparecer, terriblemente excitante y morboso!!
Muy pero muy bueno, como todo lo que usted escribe, estoy esperando la continuación!!
Además quiero avisarte que hay un regalo para vos en Mis Musas...esperandote.
No es necesario que me des tu cabeza en una cesta ni nada...jajajaja!!
Un abrazo!!
José, un relato muy delicado, no sutil, delicado y absoluta y decididamente erotizante... uno anhela llegar al final, solo para comenzar de nuevo a disfrutarlo desde el principio... muy bueno!!!
gracias x tu inspiración. un abrazo.
Publicar un comentario en la entrada